Entre la filantropía y la mala conciencia

By: 
Ibrahim A. Warde
Date Published: 
December, 1997
Publication: 
Le Monde diplomatique
Language: 

 

Durante el pasado mes de abril se celebró en Filadelfia la "reunión de presidentes para el porvenir de América". La tribuna, presidida por el general Colin Powell, héroe de la Guerra del Golfo -y, sin duda, el político más popular del país- reunía a un puñado de celebridades. Al lado del presidente William Clinton, los antiguos presidentes George Bush, James Carter, Gerald Ford y Nancy Reagan (representando a su marido enfermo), junto a personalidades del mundo del espectáculo y los negocios. Tema de la reunión: el voluntariado. Antes de exhortar a sus ciudadanos a dar su tiempo, y su dinero, a las buenas causas, estas personalidades dieron ejemplo limpiando uno de los barrios de la ciudad. La idea está en la tradición americana y en el aire de los nuevos tiempos.

Pues, ahora, a medida que el gobierno abandona sus compromisos, le toca a la sociedad civil tomar el relevo: mediante sus donaciones a universidades, escuelas, hospitales y bibliotecas, así como la rehabilitación de barrios siniestrados o incluso la recogida de basuras en algunos tramos de autopistas. Empresas y particulares son llamados para desempeñar un papel hasta ahora competencia de los poderes públicos. La propia reunión (financiada por el sector privado) ofrecía la triple ventaja de no costar nada al Estado, no prestarse a controversias y hacer beneficiario al inquilino de la Casa Blanca de espectaculares efectos publicitarios. Todos los intervinientes tocaron los mismos temas: el futuro de América es su juventud, que sólo puede instruirse y ampliarse si todos ponen algo de su parte; sirviendo de mentor a un joven desorientado, el ciudadano medio puede actuar más eficazmente que un Estado dispendioso e insensible. Si el mensaje se dirige a todos los americanos, los que estén seguros -"quienes han recibido mucho"- deben asumir una responsabilidad particular.

La buena marcha de la economía, el alza espectacular de la Bolsa y las remuneraciones excepcionalmente elevadas de los dirigentes empresariales han puesto de actualidad el debate sobre la filantropía. Así, "Ted" Turner, recientemente, había deplorado la existencia de la "Forbes 400" -la lista de las 400 mayores fortunas del país, publicada cada año por la revista Forbes- y otras listas del mismo tipo. Para el fundador de la CNN, vicepresidente del gigante de la comunicación Time-Warner, los millonarios, preocupados por pertenecer a estas escalas, se resisten a desprenderse de sus bienes en beneficio de buenas obras ante el temor de caer o, peor aun, de desaparecer.

Después de esta declaración, la revista Slate (1) ha decidido publicar un palmarés de la filantropía, el "Slate 60", puesto al día trimestralmente. Después, la idea ha creado escuela y las grandes publicaciones financieras, como Forbes y Fortune, publican clasificaciones similares. Una revista, The American Benefactor (El benefactor americano), ha nacido consagrada al arte y la manera de ser filántropo.

Con una energía comparable a la que despliegan en sus actividades profesionales, los grandes patronos se dedican ahora a una nueva actividad. Lawrence Ellison (patrón de Oracle) se dispone a anunciar una donación de 100 millones de dólares

que permitirá "enganchar" a todos los escolares americanos a Internet. Su gran rival, Bill Gates, le gana por la mano y le bate en volumen: 200 millones de dólares, sacados de su bolsillo, servirán para proporcionar ordenadores a todas las bibliotecas públicas del país. Y Microsoft, de la que posee el 25% del capital, ofrecerá a estas mismas bibliotecas los programas por valor de 200 millones de dólares (al precio de venta al público) (2).

Pero, seguramente, el anuncio más espectacular fue el de Turner: dará un millardo de dólares (150 mil millones de pesetas), en diez años, a la ONU. Durante una cena de gala, destinada a concederle un premio de la Asociación Americana para las Naciones Unidas, anunció una decisión que había tomado dos días antes. La suma entregada, que "no representa más que nueve meses de beneficios" (constituidos, esencialmente, por plusvalías bursátiles de acciones de Time-Warner), no irá a los gastos de funcionamiento de la ONU, sino "a los más pobres del mundo, los que verdaderamente tienen necesidad", y muy especialmente a causas que interesan a Turner: desarme, lucha contra el efecto invernadero o a la abolición de las minas anti-personales. El vicepresidente de Time-Warner ha reconocido que iba a "descender en la clasificación" del "Forbes 400", en el que actualmente ocupa el lugar número veinticinco.

Turner se inscribe en la línea de los grandes patronos de la industria norteamericana de finales del siglo XIX, como Andrew Carnegie o John D. Rockefeller, que después de haber amasado colosales fortunas pasaron los últimos años de su vida redistribuyendo lo esencial el primero y una parte nada despreciable el segundo.

Estas prácticas presentaban entonces el mérito de "dulcificar" los excesos del capitalismo salvaje de la época. Aspectos religiosos se aliaban ya entonces a consideraciones prácticas. En efecto, como demostró Max Weber, la ética protestante constituyó un elemento determinante en el ascenso del capitalismo: inherente a la fe calvinista, la noción de predestinación entraña un compromiso total del hombre con su actividad profesional, y el esfuerzo personal se ve recompensado por el éxito material, signo de salud. El baptista John D. Rockefeller, que, sin embargo, no dudó en utilizar los métodos más cuestionables en la conducción de sus negocios, podía decir con conocimiento de causa: "El señor, en su bondad, me ha dado el dinero que poseo" (3).

"Cuanto más hago el bien, más dinero recibo"

La ostentación que acompaña estos gestos va, sin embargo, contra algunos mandamientos evangélicos ("Guardaos de practicar obras buenas ante los hombres para atraer sus miradas" (Mateo VI:1); "Cuando des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha" (Mateo VI:4). Pero podría, no obstante, encontrar su justificación en otro pasaje: "Que vuestra luz brille ante los hombres para que viendo vuestras buenas acciones rindan gloria a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo V:16). Turner quiere, de este modo, predicar con el ejemplo.

En la locura de su caritativo anuncio (inspirado por el gesto de Gates y de Microsoft), y bajo la luz de los focos, Turner denuncia la tacañería de sus semejantes y promete que se encargará personalmente de estimularlos: "Si tenéis mucho dinero esperad a tener noticias mías", declara al animador Larry King que le invita en la CNN, cadena que pertenece a Turner. Ingenuo y pragmático precisa a continuación: "Me he dado cuenta de que cuanto más hago el bien más dinero recibo".

Además de las ventajas fiscales -las donaciones son deducibles de los impuestos-, la filantropía forma parte de la estrategia de relaciones públicas, e incluso del marketing de las empresas. Así, la sociedad Coca-Cola acaba de anunciar un "partenariado" con los Boys and Girls Clubs of America, red de 1,850 grupos de jóvenes, para apadrinar toda una gama de actividades escolares y deportivas. El coste (60 millones de dólares en un periodo de diez años) se asemeja a una inversión a largo plazo, en la medida en que la omnipresencia de productos y anuncios genera ventas y asegura la "fidelidad" de los consumidores potenciales (4).

Igualmente, la generosidad de la sociedad Ben and Jerry, fundada por antiguos hippies , que distribuye el 7,5% de sus beneficios entre organizaciones benéficas, le ha sido devuelta centuplicada. El raudal de artículos laudatorios sobre su labor les sive de publicidad gratuita, y los consumidores se lanzan a degustar sus helados "de calidad" con el sentimiento de estar haciendo al mismo tiempo "una buena acción" (5).

Las empresas creadas por la generación de los 60 hacen lo mismo. Terrenos predilectos: la educación, el acceso a las tecnologías punta, y la investigación médica. La recogida de fondos ("fund-raising") se ha convertido en una verdadera industria y la selección de los receptores de este maná es objeto de sabios cálculos. El New York Times explica, por ejemplo, cómo "el cáncer de mama se ha convertido en la causa caritativa del año", las empresas tratan de captar a una clientela femenina cada vez más importante (6).

A pesar de que las ventajas de la filantropía son objeto de un amplio consenso, se escuchan algunas voces discordantes. Para Milton Friedman, la obligación de los patronos consiste en extraer beneficios (que los accionistas pueden en seguida gastar a su antojo) y no en cambiar el mundo. El papa del monetarismo considera que el universo de los negocios es "insuficientemente egoísta" y sufre de " tendencias suicidas". No hay más que ver cómo empresas petroleras contribuyen a movimientos ecologistas opuestos a la prospección petrolífera, o a universidades "que no aspiran a otra cosa que probar la superioridad del sistema socialista" (7).

Igualmente, Lamar Alexander, presidente de la Comisión Nacional sobre la Filantropía y la Renovación Cívica, reprocha a los grandes organismos caritativos su estrecha colaboración con el gobierno federal y, por tanto, que sirvan de caballo de Troya al Estado-providencia. En su informe sobre las "donaciones eficaces", el que fuera candidato a la investidura republicana durante las últimas elecciones presidenciales, se convierte en el apóstol de una "caridad de proximidad" (neighborhood charity) que intentaría resolver los "problemas concretos y bien definidos", más que promover las "grandes teorías sociales". Pero, para algunos, la descentralización excesiva del mundo de la filantropía -un número creciente de estrellas del deporte, del espectáculo y de los negocios crean sus propias fundaciones- conduce al despilfarro. Por otra parte, un estudio reciente demuestra que la mayoría de estas fundaciones termina por fracasar por una financiación inadecuada, la mala gestión o incluso el fraude (8).

Otros sectores se muestran preocupados ante las ideas que los multimillonarios tratan de transmitir por medio de sus fundaciones, por ejemplo,y de forma especial, el magnate George Soros. En la medida en que sus donaciones en algunos países de Europa del Este (donde habría gastado ya 2 millardos de dólares) exceden a las ayudas de gobiernos y organismos internacionales juntos, posee los medios para una auténtica "diplomacia privada". Algunas de sus iniciativas en territorio norteamericano (distribución de jeringuillas limpias a los toxicómanos, en el marco de la lucha contra el sida, campaña en favor del uso medicinal de la marihuana, ayuda a la integración de los inmigrados), han suscitado controversias, y sus escritos criticando los excesos del capitalismo (9) le han valido los odios unánimes de la prensa de negocios anglosajona.

Finalmente, como en el pasado, la filantropía puede ser el medio para adquirir una respetabilidad, o sea, para encubrir fechorías. En el momento de su procesamiento, el financiero Michael Milken encargó a una sociedad de relaciones públicas que orquestara una campaña filantrópica sabiamente mediatizada (10). Igualmente, Charles Keating, el más célebre patrón de las cajas de ahorros en quiebra, era uno de los principales benefactores de la orden de la Madre Teresa; durante su proceso, ésta escribió al juez pidiéndole que se mostrara clemente (11). En cuanto al hombre de negocios Armand Hammer, había difundido tan bien su imagen de mecenas y bienhechor, mientras se dedicaba a cometer fechorías de todo tipo, que estuvo a punto de obtener el Premio Nobel de la Paz (12).

Las controversias ocasionales no van a impedir a la filantropía continuar desempeñando un papel clave en un sistema en que el Estado continúa con su régimen de adelgazamiento, en el que la ley no impone dejar los bienes a la progenitura, y en el que el self-made man sigue siendo venerado. Todas las miradas se vuelven hacia Bill Gates, que con sus 40 millardos de dólares, está considerado el hombre más rico del mundo. En octubre pasado, cuando no había distribuido más que 270 millones de dólares en beneficio de causas diversas, descubrió su juego: "Distribuir su dinero con eficacia es tan difícil como ganarlo. Yo no creo que me dedique a ello antes de algunos años... Pero estoy seguro de una cosa: no dejaré mucho dinero a mis herederos, pues no creo que eso les beneficie" (13).

 

Referencias

(1) Magazine on line perteneciente al gigante informático Microsoft; dirección: http://www.slate.com

(2) El principio del "matching " es habitual en el mundo de la filantropía; por eso, numerosas empresas se comprometen a proporcionar una donación equivalente a

(3) Cf. Marie-Agnès Combesque e Ibrahim Warde, Mythologies américaines, Editions du Félin, París, 1996.

(4) Business Week, Washington, 15, septiembre, 1997.

(5) The New Republic , New York, 11, septiembre, 1995.

(6) "How Breast cancer Became This Years's Hot Charity", The New York Times Magazine , 22, diciembre, 1996.

(7) San Francisco Chronicle, 27, septiembre, 1989

(8) The Washington Post, 22, marzo, 1997.

(9) The Atlantic Monthly, New York, febrero, 1997.

(10) Léase "Michael Milken, ange et martyr", Le Monde diplomatique, agosto, 1993.

(11) Cf. Christopher Hitchens, "La Madre Teresa, una santidad mediática", Le Monde diplomatique, edición española, noviembre, 1996.

(12) Cf. Edward Jay Epstein, Dossier: The Secret History of Armand Hammer, Random House, Nueva York, 1996.

(13) Slate, Redmond, Washington, 2, diciembre, 1996.

 

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