La vida, la muerte, el mercado

By: 
Ibrahim A. Warde
Date Published: 
June, 1998
Publication: 
Le Monde diplomatique
Language: 

 

Los teóricos de la Escuela de Chicago, no cesan de ampliar el campo de sus conocimientos. Provistos de una caja de herramientas que se resume en el cálculo económico costes-beneficios, atacan un problema y lo resuelven en seguida. Sorprendidos de poseer una ciencia capaz de comprenderlo y explicarlo todo, no se detienen y siguen adelante. Después de desmontar los resortes de la política, del crimen, de la sexualidad y del suicidio, se vuelcan en la tercera edad, en la tenencia de armas y en la sanidad pública (1).

Richard Posner, el hiperactivo jefe del movimiento Derecho y Economía, se interesa en su última obra "por el envejecimiento y la vejez". Explica que si las personas de edad tienen tendencia a repetirse, es simplemente porque disponen de tiempo en abundancia. Y que si hallamos pocas en los campus universitarios es porque una inversión en educación no estaría justificada desde su esperanza de vida. El panorama incluye la historia, la mitología y la literatura. Allí podemos aprender que la tragedia del rey Lear aporta sencillamente la prueba de la ineficiencia de la pequeña explotación agrícola. La lógica es simple, los ejemplos innumerables y el texto, con frecuencia opaco, esmaltado de "fórmulas científicas". En este sentido, la eutanasia puede justificarse en función de " la media ponderada de utilidad negativa del individuo en su estado de condenado y de su utilidad positiva en el estado de relativa salud en que se encontrase si se restableciera y optara por vivir a pesar de todo". Los que no hayan comprendido podrán referirse siempre a la fórmula: pUd (1-p)Uh+c (2).

Por su parte, John Lott, de la facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, se interesa por la tenencia de armas. Fustiga a los que, "partiendo de anécdotas", se alarman por la proliferación de las armas de fuego. Una reflexión más rigurosa y fundamentada sobre el análisis estadístico conduce ineluctablemente a la ecuación: más armas de fuego=menos víctimas. "De todos los métodos estudiados hasta ahora por los economistas, la tenencia de armas constituye el medio menos costoso de combatir el crimen" (3). Por lo demás, las cifras podrán probar que los Estados como el de Vermont (EE.UU), que posee la mayor cantidad de fusiles por habitante, son también los que arrojan una criminalidad más débil. Es más, el sistema ideado permitirá diezmar a los granujas. Efectivamente, un estudio realizado en 1992 revela que los ciudadanos en acción de autodefensa han matado al triple de criminales que las fuerzas del orden. Este mismo año, se hubieran evitado 1.500 asesinatos y 4.000 violaciones sólo con que la tenencia de armas hubiese sido autorizada en el conjunto del territorio americano. La lógica es clara: la policía no puede estar en todas partes, y los criminales son individuos racionales que se abstienen de cometer un delito si su objetivo está armado. En términos económicos, se trata del principio del free ride: "Una ganga para las personas desarmadas, que de este modo se benefician de la protección de sus conciudadanos armados".

Uno de los colegas de Lott, Richard Epstein, es un especialista de la sanidad pública que se interesa por los trasplantes de órganos. Hay muchos enfermos en espera de uno, pero la "oferta" no tiene continuidad. La razón, nos explica, es que el sistema actual, centralizado, es poco eficiente y está sujeto a una reglamentación federal, que favorece a los "más enfermos", entre los que la posibilidad de supervivencia es más débil. El problema podría resolverse mediante una "política de oferta" y el establecimiento de un mercado de órganos en buena y debida forma, que permitiese que individuos con buena salud vendieran una parte de su anatomía: "El enorme beneficio de que gozará un trasplantado de riñón, compensará los peligros y la incomodidad del donante, y el dinero servirá de disolvente que repartirá la ganancia entre ambos". La idea tiene vocación ubicua: "En semejante sistema, todos los órganos no vitales, los ojos por ejemplo, podrían comprarse y venderse". No obstante, el autor vislumbra un peligro potencial, de orden práctico, "el de la venta forzada". Pero sugiere preventivos: "Los corredores de órganos deberán establecer un proceso de selección riguroso para asegurarse de que los donantes lo hacen de buen grado".

La imposición de tal regla es aceptable incluso para cualquiera que abomine de toda clase de impedimentos al librecambio, ya que "el beneficio neto de un mercado de órganos es considerable". Júzguese, si no: "El período de diálisis, penoso y caro, se reducirá con ello; cuanto más frecuentes sean los trasplantes, más mejorarán las técnicas quirúrgicas; menos papeleo y más alto coeficiente de éxito; todo ello reducirá el coste y ampliará el acceso a más personas; en fin, habrá menos defunciones a partir del momento en que quede eliminado el déficit de órganos creado por la intervención de los poderes públicos" (4).

 

Referencias

(1) Léase "La tyrannie de l ́economiquement correct", Le Monde diplomatique , mayo de 1995.

(2) Richard Posner, Aging and Old Age , University of Chicago Press, Chicago.

(3) John R. Lott Jr., More Guns, Less Crime , University of Chicago Press, Chicago, 1998.

(4) Richard Epstein, "Sell Your Body, Save a Life", The Wall Street Journal, 16 de abril de 1998. 

 

Tous Droits Réservés © Le Monde diplomatique.