LTCM, un fondo por encima de toda sospecha

By: 
Ibrahim A. Warde
Date Published: 
November, 1998
Publication: 
Le Monde diplomatique
Language: 

 

"Crony capitalism", el capitalismo de compadres. Hasta ahora se suponía que la expresión designaba la causa profunda de la crisis asiática de 1997. Era imprescindible hallar un nuevo culpable, ya que los "fundamentos" (inflación, paro, crecimiento, etc.) eran buenos y que Indonesia, Tailandia o Corea del Sur representaban el papel de alumnos ejemplares del FMI (1). Había de ser por tanto la propia naturaleza del capitalismo de esos países, marcada por la presencia de una élite cerrada, secreta e incestuosa que lastraba el mundo de la política, de la economía y de las finanzas. En aquellos pagos, los bancos prestaban a los amiguetes y a los pícaros; y en el momento de los (des)-balances, encontraban la ayuda milagrosa del Estado (Japón acaba de nacionalizar de este modo algunos de los grandes bancos del país, provocando inmediatamente el despegue... del índice Nikkei).

Desde hace un año, los gobiernos de Asia y de otras latitudes se ven conminados a hacer más transparente sus sistema y a someterlo a las leyes del mercado. Sobre todo, han de cesar de mantener vivos a bancos o empresas en quiebra so pretexto de que están ligados a un compadre o a sus acólitos.

Sin duda, esta argumentación ha perdido su mordiente desde el "salvamento", el 23 de septiembre, del fondo especulativo estrella Long Term Capital Management (LTCM). Ese día, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, William McDonough, reunió a la crema de las finanzas mundiales para pedirles que reflotaran el fondo, que se hallaba en quiebra virtual. Y bastaron algunas horas para que una quincena de instituciones norteamericanas y europeas (tres de ellas bancos franceses) aportaran 3,5 millardos de dólares a cambio del 90% del fondo y de la creación de un comité de vigilancia (2).

En sus relaciones con el LTCM, los bancos han practicado la combinación de géneros. Muchos establecimientos financieros, e incluso organismos gubernamentales (entre ellos, el Banco central de China y el Banco central de Italia) en efecto, ya habían invertido su dinero en él. Los bancos habían concedido facilidades de crédito al LTCM que le permitían hacer el efecto de palanca (la diferencia entre el resultado descontado de una actividad y el coste que permite financiarla) propicia rendimientos espectaculares. Esas facilidades le servían igualmente de contrapartida en las operaciones financieras. Mejor, muchos patronos (David Komansky, presidente de Merrill Lynch, o Donald Marron, presidente de Paine Webber) habían invertido ya a título personal, haciendo fructificar así sus propios erarios.

La mínima curiosidad que prestan los bancos a las actividades de oficina es más perturbadora cuanto que las sumas comprometidas casi producen vértigo: a principios de este año, LTCM detentaba 4.800 millones de dólares de capitales propios para una cartera de 200.000 millones de dólares (capacidad de endeudamiento gracias al efecto de palanca) y productos derivados de un valor "nocional" (teórico) de un billón doscientos cincuenta mil millones de dólares...

Pero los bancos confiaban sobre todo en el pedigrí del Fondo y en su reputación. John Meriwether, el fundador de LTCM, fue un trader legendario que, después de una carrera espectacular, abandonó Salomon Brothers a consecuencia de un escándalo relacionado con la concesión adquisición de bonos del Tesoro norteamericano. Sin embargo, ni su reputación ni su confianza se vieron empañadas por el escándalo. Cuando un colega le preguntó si pensaba que los mercados eran eficientes, respondió: " Yo los hago eficientes " (3). Los principales asociados de LTCM, por lo demás, incluían a las dos cumbres de la "ciencia" del riesgo, Myron Scholes y Robert Merton (en 1997, obtuvieron el Premio Nobel de economía por sus trabajos sobre los productos derivados), y a una pléyade de profesores de finanzas, de jóvenes doctores en matemáticas y en ciencias físicas y a otros pequeños genios ( rocket scientists ) capaces de efectuar los montajes financieros más complejos, más audaces y más gratificantes.

Premios Nobel para los cerebros de fiasco

El Fondo operaba en el secreto más absoluto. Cuando se mostraban curiosos, los inversores recibían esta contestación: " Pongan su dinero en otra parte ". Y, en efecto, a pesar de un depósito mínimo de 10 millones de dólares, bloqueado por tres años, había bofetadas para invertir en él. Los resultados parecían a la altura de las expectativas: después de haber descontado el 2% de beneficios, el Fondo reportó a los accionistas, en 1995, el 42,8% y el 40,8% en 1996 y "sólo" el 17,1% en 1997 (a causa de la crisis asiática). Pero, en septiembre, después de la mala apuesta de una convergencia de tipos de interés, el Fondo se encontró al borde de la quiebra.

Para el presidente de la Reserva Federal (que sin embargo no ejercía la tutela del establecimiento), el salvamento está justificado: "Una clausura brusca y desordenada de las posiciones de LTCM hubiera supuesto riesgos inaceptables para la economía norteamericana". Efectivamente, la cartera de unos 200.000 millones de dólares hubiera tenido que ser malbaratada por los acreedores, en medio de un clima de pánico generalizado. No obstante, la "FED" insiste en que no se trataba de verdad de un salvamento, puesto que no se han comprometido fondos públicos. Y perjurando que no pretendía correr al abrigo de ricos especuladores, promete que los socios del Fondo se dejarán la piel en él. Sin embargo, después de expresar su agradecimiento a las compañías que han inyectado fondos, el portavoz del LTCM añadió: "Los chicos están muy contentos hoy. Están en mejor forma financiera que nunca a largo plazo" (4).

El comité de vigilancia ha prestado a algunos de sus mejores expertos en productos derivados para supervisar la gestión del Fondo. A tenor de las últimas informaciones, la aportación de sangre nueva no ha frenado las pérdidas (5). Dos semanas después de su salvación, el Fondo parece perder 200 millones suplementarios de dólares.

 

 

Referencias

(1) Ibrahím Warde, "Los absurdos remedios del Fondo Monetario Internacional", Le Monde diplomatique, edición española, febrero de 1998.

(2) Las contribuciones de las diferentes instituciones se establecen del modo siguiente: 300 millones de dólares: Bankers Trust, Barclays, Chase, Deutsche Bank, Union de banques suisses, Salomon Smith, Barney, JP Morgan, Goldman Sachs, Merrill Lynch, Crédit suisse, First Boston Morgan Stanley Dean Witter; 125 millones de dólares: Société générale; 100 millones de dólares: Crédit agricole, Paribas, Lehman Brothers (fuente: Wall Street Journal, 25 de septiembre de 1998).

(3) Associated Press , 4 de octubre de 1998.

(4) Washington Post , 26 de septiembre de 1998.

(5) Financial Times, 8 de octubre de 1998.

 

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