SETENTA AÑOS DESPUÉS DEL CRASH DE 1929 : ¿Dow Jones...? Más dura será la caída

By: 
Ibrahim A. Warde
Date Published: 
October, 1999
Publication: 
Le Monde diplomatique
Language: 

 

VARIASINFORMACIONESSUSCEPTIBLESDE ESCLARECER ASPECTOS DEL "MILAGRO AMERICANO" ACABAN DE REVELARSE, CON DISCRECIÓN, POR PARTE DE LOS GRANDES MEDIA OCCIDENTALES. POR UNA PARTE, Y A CONTRACORRIENTE DE LA TENDENCIA MUNDIAL, LA DURACIÓN DE LA JORNADA DE TRABAJO AUMENTÓ EN UN 4% EN EE.UU. ENTRE 1980 Y 1997. POR OTRA PARTE, LA DIFERENCIA DE RENTAS ENTRE EL OBRERO DE UNA FÁBRICA Y UN DIRECTIVO DE EMPRESA, QUE ERA YA DE 1 A 42 EN 1980 ES YA DE 1 A 419. FINALMENTE, INFORMACIONES RECIENTES DEL PROPIO MINISTERIO DE AGRICULTURA CONCLUYEN QUE UN 10% DE LAS FAMILIAS AMERICANAS PASA (LITERALMENTE) HAMBRE. AL MISMO TIEMPO,MIENTRAS QUEELDÉFICITCOMERCIAL ESTADOUNIDENSESE INCREMENTA,ELCRECIMIENTO ECONÓMICO SIGUE A GALOPE TENDIDO Y WALL STREET BATE TODOS LOS RÉCORDS 70 AÑOS DESPUÉS DE LA CRISIS DE 1929.

 

El 5 de diciembre de 1996, Alan Greenspan mostraba su inquietud ante "la exuberancia irracional de los mercados". Menos sibilinas que de costumbre, las palabras del presidente de la Reserva Federal norteamericana provocaron un breve pánico. Pero, tras esta declaración, el índice Dow Jones de valores industriales ha aumentado más del 70%...

La inquietud de Greenspan era legítima. El Dow Jones -creado en 1896 con la idea de reflejar de manera fiable las variaciones de la bolsa- estaba constituido por 12 títulos representativos de la economía estadounidense (hoy comprende 30) y comenzó su carrera a 41 puntos. Fue necesario esperar hasta 1906 para que superara la barrera de los 100 puntos. El 3 de septiembre de 1929 alcanzó un primer récord: 381 puntos. Luego inició una lenta caída, que tomó un giro dramático cuando el 28 de octubre el índice perdió 38 puntos (13%) en una sola sesión, marcando el comienzo de la Gran Depresión. El 8 de julio de 1932, en el peor momento de la crisis, el Dow Jones cayó a 41 puntos, es decir, a su nivel de 1896.

Hubo que aguardar hasta la posguerra para ver una recuperación del tono de los mercados: el techo de 500 puntos fue alcanzado en marzo de 1956, y el de los 1.000 en noviembre de 1972. Al año siguiente, Wall Street sufrió una recaída, cuando el Dow Jones bajó hasta 578 puntos. En agosto de 1982 estaba aún en 777 y un nuevo período alcista se vio interrumpido por el crash del 19 de octubre de 1987, durante el cual el índice perdió el 22,6% pasando de 2.247 a 1.739 puntos.

Los especialistas, que habían temido una repetición del escenario de octubre de 1929, estimaron entonces que el retroceso de 1987 fue sólo una "corrección" necesaria tras crecimiento demasiado rápido. Por su parte, el mercado retomó su marcha ascendente rumbo a nuevos récords. En abril de 1991 el Dow Jones superó el techo de los 3.000 puntos; en febrero de 1995 superó el de los 4.000, y en noviembre de 1995 alcanzó los 5.000 puntos.

El mercado parecía entonces sobrevaluado. Pero, durante todo el período 1996-1999, el índice Dow Jones no cesó de desafiar la ley de la gravedad: 6.000 puntos en octubre de 19996; 7.000 en febrero de 1997; 8.000 en julio del mismo año; 9.000 en marzo de 1998; 10.000 en marzo de 1999; 11.000 en mayo...

Desde octubre de 1990, Estados Unidos ha experimentado posiblemente el período más largo de crecimiento económico ininterrumpido de su historia. Y otros factores contribuyeron a reforzar la euforia de los mercados: las reducciones masivas de efectivos (downsizing), unidos a una avalancha de fusiones y de adquisiciones de empresas y la explosión de nuevas tecnologías (Internet, biotecnología, etc.) permitieron a las compañías estadounidenses obtener beneficios récord. La política oficial (desregulaciones, reducción del déficit presupuestario, promoción del librecambio, apertura de mercados exteriores, etc.) tuvo también como objetivo tranquilizar y seducir a los mercados (1). De esta forma los títulos estadounidenses soportaron bien las crisis de Asia y de Rusia, y hasta sirvieron como valores-refugio en una economía mundial sacudida por fuertes convulsiones. El flujo de capitales se vio también mantenido por factores demográficos -muchos jóvenes que temen la quiebra del sistema de jubilaciones invierten sumas considerables-, al igual que por la "democratización de los mercados": los nuevos productos financieros, antaño reservados únicamente a los especialistas, están ahora al alcance de todos los ahorradores que, gracias a Internet, pueden especular sin intermediarios las 24 horas del día (2).

¿Todos esos elementos justifican una subida tan vertiginosa de las cotizaciones? Los historiadores y los economistas responden analizando los grandes episodios especulativos de la historia, en particular el crash de 1929, del que se cumplen ahora 70 años (3). Vuelven a plantearse viejas disputas sobre la relación entre la brutal caída de las cotizaciones bursátiles y la depresión. El crash, ¿fue un signo premonitorio, una causa de la depresión o un acontecimiento sin conexión ni consecuencia, un pánico pasajero que sólo degeneró en depresión por las decisiones equivocadas de las autoridades? (4). Un célebre análisis de Milton Friedman responsabiliza de la depresión a la política de contracción monetaria llevada a cabo por la Reserva Federal (5). Otros, como John Kenneth Galbraith, vieron en la especulación financiera uno de los elementos determinantes del derrumbe de la economía real (6).

En un estudio consagrado a los grandes episodios de euforia financiera, Galbraith constató un fenómeno habitual en esos casos: la creencia en una modernidad que convertirá en obsoletos a los principios establecidos (7). Durante los años 20 todo el mundo hablaba de "la nueva era", caracterizada por la estabilidad política y económica recobrada y por el impulso de las nuevas tecnologías (la radio, el cine, el automóvil, la aviación, etc.). Irving Fisher, profesor de economía en la Universidad de Yale, hizo un diagnóstico en vísperas del crash de 1929 que se hizo célebre: "La Bolsa parece que debe mantenerse para siempre en su más alto nivel".

Quienes actualmente cantan loas a la "nueva economía" (o al "nuevo paradigma") se desgañitan proclamando que el mundo ha cambiado y que tanto los ciclos económicos de antaño como las fórmulas bursátiles conocidas ya no tiene vigencia (8). Por ejemplo, para Wayne Angell, ex gobernador de la Reserva Federal y uno de los economistas más escuchados de Wall Street: "No hay ninguna burbuja, simplemente hemos alcanzado la economía de la nueva era, la economía donde las tecnologías de la información y una política monetaria sana alimentan un crecimiento no inflacionista a largo plazo". Esta nueva era, que remontaría el giro monetarista de octubre de 1979 "no se convirtió en realidad hasta 1994", cuando "las empresas aprendieron a crear valor reduciendo sus costos". Dado que el mercado es forzosamente racional y autoregulador, "las burbujas son generadas, no por los inversionistas, sino por las políticas gubernamentales" (9).

Otros analistas sostienen que los aumentos de productividad no están bien reflejados en las estadísticas convencionales. Más aún, la revolución estaría apenas en sus primeros balbuceos. La conclusión se impone: el mercado sigue muy infravalorado. Según un texto reciente, el Dow Jones debería estabilizarse en un nivel de 36.000 puntos (10)...

Gurús y charlatanes

Así, la regla sacrosanta según la cual el precio de una acción es determinado por los beneficios de la empresa, es cuestionada, sobre todo cuando se trata de sociedades vinculadas a Internet. En efecto, ¿cómo evaluar la relación entre la cotización de las acciones y los beneficios de la empresa, en el caso de una firma cuya facturación es insignificante y las ganancias inexistentes? La respuesta, circular y tautológica, es que el mercado es el único juez del valor de un título. La librería virtual Amazon, una de las empresas más importantes en los negocios por Internet, valdría así más que todas las grandes cadenas de librerías estadounidenses juntas, a pesar de que aún es deficitaria. A su vez, Priceline.com, un servicio de venta de pasajes aéreos por Internet a precios económicos, al día siguiente de su introducción en la Bolsa era evaluada en 11.700 millones de dólares, es decir, más que cualquier compañía aérea...

En síntesis, el valor de una empresa no dependería ya de datos objetivos subyacentes sino del interés del público. Así, la acumulación de pérdidas puede hacer más atractiva una empresa, ya que puede significar que invierte para obtener una parte lucrativa de mercado; para modernizarse rápidamente, o para adelantarse a sus competidores. Es decir, para convertirse en la próxima Amazon.

Los gurús y los impostores tienen un papel importante en esta nueva fiebre del oro, caracterizada por frecuentes manipulaciones y engaños. La exageración, las grandes promesas y los superlativos alimentan la locura especulativa. A raíz de un falso rumor lanzado por Internet (y del que la prensa se hizo eco) una sociedad vio subir sus acciones 31%. En ese mundo virtual las palabras pesan muy a menudo más que las cosas. Basta que una sociedad agregue a su razón social el sufijo ".com" o el prefijo "e-" para que sus acciones aumenten inmediatamente de precio (11).

Hay un furor del cybersquatting (que consiste en registrar una dirección Internet con el nombre de un producto base, o de una sociedad o personalidad conocidas, para revenderla a buen precio). La denominación "drugs.com" fue comprada por 824.000 dólares por una sociedad que proyecta hacer un sitio de productos farmacéuticos. Por otra parte, las nuevas sociedades que funcionan en Internet aprovechan sus extraordinarias valorizaciones bursátiles para realizar grandes adquisiciones. Yahoo! (el valor de cuyas acciones se multiplicó 250 veces en un año) acaba de pagar 5.700 millones de dólares por Broadcast.com, una sociedad cuya facturación es de apenas 22 millones de dólares, y cuyas pérdidas se elevan a 16 millones. Se trata en este caso "de una transacción sobre el papel que representa el valor virtual para una empresa virtual" (12).

Este gigantesco castillo de naipes ¿no corre el riesgo de derrumbarse en cualquier momento? Periódicamente, el presidente de la Reserva Federal expresa sus temores. El Fondo Monetario Internacional, en su informe anual sobre la economía de Estados Unidos, evoca el peligro de una "caída abrupta y sustancial" de la Bolsa. La comparación entre la evolución actual de las acciones estrella America Online y el comportamiento en el pasado de las aciones de Radio Corporation of America (RCA, que, entre 1921 y 1929, pasaron de 1 a 573 dólares), resulta suficientemente llamativa: en ambos casos se trata de las sociedades más representativas de las nuevas tecnologías de sus respectivas épocas (13).

¿Vamos hacia una repetición de lo que pasó en 1929? Los más optimistas aseguran que actualmente existen muchos cortafuegos. En aquella época la reglamentación del mercado era casi inexistente; la SEC (Securities and Exchange Comission), gendarme de la Bolsa no fue creada hasta 1934. Antes era posible, por ejemplo, comprar acciones pagando apenas un anticipo del 10% (ese mínimo ahora es del 50%). Pero gracias a la desregulación del mercado, fondos especulativos como el Long Term Capital Management han invertido sobre la base de una relación capitales propios/deudas de 1/100 (14). En cuanto a los falsos rumores, ilegales desde la legislación de los años 30, han alcanzado ahora una amplitud sin precedentes gracias a Internet.

El elemento más inquietante sigue siendo, sin embargo, la parte creciente de la economía financiera en la economía real. Mientras que en 1988 la capitalización bursátil representaba sólo el 50% del producto interior bruto estadounidense, actualmente representa el 150%. Las carteras bursátiles representan el 25% de los activos los estadounidenses, en tanto que en 1984 llegaban a sólo el 8% (15). En 1997, el 43% de los estadounidenses adultos invertían en la Bolsa, contra el 21% en 1990. Y el monto de sus títulos bursátiles, que en 1990 era de 13.000 millones, alcanza hoy en día 231.000 millones (16).

La prensa relata habitualmente historias sorprendentes sobre el auge de las inversiones bursátiles. El caso del barrendero que recibe como pago acciones de una empresa desconocida, y que se vuelve millonario el día que la misma comienza a cotizarse en Bolsa; la modesta secretaria que gracias al sistema de stock options, logra hacerse de una suntuosa jubilación. Entusiasmados, muchos estadounidenses renuncian a su trabajo para consagrarse únicamente a la especulación, siguiendo minuto a minuto la evolución de sus títulos. Los taxistas y los peluqueros discuten sus teorías, y hasta dan consejos de inversión a sus clientes. Hasta la cantante Barbra Streisand revela a las revistas financieras los secretos que le permitieron hacer fructificar su cartera de acciones.

Reflexionando sobre un fenómeno similar, Joseph Kennedy (padre del presidente John Kennedy), salvó su fortuna hace setenta años. Una mañana de 1929, el hombre que cada día le lustraba los zapatos le dio un consejo para invertir en la Bolsa. El veterano especulador hizo entonces el siguiente razonamiento: "Si mi limpiabotas sabe más que yo de este tema, hay algo que no funciona en el mundo de las finanzas". El mismo día vendió todas sus acciones.

 

Referencias

(1) Bob Woodward, The Agenda; Inside the Clinton White House , Simon and Schuster, 1994. También "Maison blanche et mur d'argent", Le Monde diplomatique, octubre de 1994.

(2) Joseph Nocera, A Piece of the Action; How the Middle Class Joined the Money Class, Simon and Schuster, Nueva York, 1994.

(3) Edward Chancellor, Devil Take the Hindmost: A History of Financial Speculation, Farratr, Straus and Giroux, Nueva York, 1999.

(4) Paul Krugman, The Return of Depression Economics, W.W. Norton&Co., Nueva York, 1999.

(5) Milton Friedman y Anna Jacobson Schwartz, A Monetary History of the United States, 1867-1860, Princeton University Press, 1963.

(6) John Kenneth Galbraith, El Crac del 29, Ariel, Barcelona, 1993.

(7) John Kenneth Galbraith, Breve historia de la euforia financiera, Ariel, Barcelona, 1993.

(8) Martin Wolf, "Not so new economy", Financial Times, Londres, 4 de agosto de 1999, y James Surowiecki, "Is the New Economy Over?, Slate, 5 de agosto de 1999.

(9) Wayne D. Angell, "The Bubble Won't Burst", The Wall Street Journal, Nueva York, 3 de febrero de 1999.

(10) James K, Glassman y Kevin A. Hassett, DOW 36.000: The New Strategy for Profiting from the Coming Rise in the Stock Market, Times Books.

(11) San Francisco Examiner, 17 de agosto de 1999.

(12) Financial Times, 8 de abril de 1999.

(13) Robert Sobel, "Mania Milestone", Barron's, 22 de febrero de 1999.

(14) Ibrahím Warde, "LTCM, un fondo por encima de toda sospecha", Le Monde diplomatique, edición española , noviembre de 1998.

(15) The Wall Street Journal, 30 de marzo de 1999. (16) The Washington Post, 3 de febrero de 1999.

Tous Droits Réservés © Le Monde diplomatique.