UN CAPITALISMO DE "COLEGAS" : El sistema bancario asolado por la tormenta

By: 
Ibrahim A. Warde
Date Published: 
November, 1998
Publication: 
Le Monde diplomatique
Language: 

 

El anuncio que hizo el gobierno japonés el pasado mes de octubre sobre la inversión de quinientos mil millones de dólares en la nacionalización de los bancos dio un empuje al índice Nikkei, que ha registrado una de las mayores alzas del año. Los mercados, lidiando con la quiebra de las grandes instituciones bancarias, han dado así la bienvenida al regreso de un Estado al que hace sólo seis meses no habrían dado un solo voto de confianza. La urgencia es mucha porque los bancos, que imprudentemente concedieron préstamos a algunos fondos especulativos (hedge funds) para que hicieran sus apuestas en el gran casino monetario, se han visto amenazados por los reveses de la suerte. Los contribuyentes, siempre desdeñados a la hora de repartir ganancias, son en cambio invitados cuando se trata de solucionar las pérdidas.

La mayoría de las instituciones financieras se prometían un fasto verano de 1998. Hacía ya varios meses que, a pesar de las pérdidas de los mercados asiáticos, sus beneficios aumentaban y sus cotizaciones en Bolsa volaban de cumbre en cumbre. Parecía que nada iba a frenar una ascensión atribuida a estrategias acertadas.

Por ejemplo, los grandes bancos franceses se daban la enhorabuena por haberse reconvertido con éxito. Tras una larga convalecencia con el marasmo inmobiliario como telón de fondo, parecían estar encaminados por la senda de los beneficios. Las instituciones francesas miden el éxito según la ratio "beneficios divididos por fondos propios". Dado que la intermediación clásica (la transformación del ahorro público en préstamos a las empresas y a los particulares) es poco rentable (1), se lanzaron hacia actividades nuevas y mucho más lucrativas.

Las palabras claves de esta nueva estrategia son: "globalización" (con particular énfasis en los "mercados emergentes"), "trading" (actividades de mercado por cuenta propia o de sus clientes) e "innovación" (creación de nuevos productos gracias a la "ingeniería financiera").

El modelo de este giro estratégico se encuentra en Estados Unidos. El Bankers Trust mostró el camino a seguir cuando redujo al mínimo sus redes, abandonó a sus clientes tradicionales y renunció al crédito clásico para redefinirse como "gestor de riesgos" (risk manager ) (2). Entonces, se especializó en "productos derivados", instrumentos financieros (futuros, opciones o futures, options , pólizas de cambio o swaps ) cuyo valor "se deriva" de activos subyacentes (financieros o reales).

El atractivo de esta orientación reside en el infinito potencial de creación de productos nuevos, y sobre todo en los márgenes de beneficio que generan estos últimos (3). Los productos derivados pueden ser simples, "híbridos" -es decir, que permiten conjugar diferentes operaciones financieras y diferentes niveles de riesgo en un solo producto- e incluso realmente "exóticos", esto es, complicados hasta el punto de resultar incomprensibles. Cuanto más nuevo es el producto, más complejo y lucrativo es.

Sin embargo, los argumentos de venta no suelen poner de relieve los peligros que se corren. Estos argumentos se resumen en que los productos derivados permiten: a los gestores de fondos, eliminar riesgos; a los inversores, aumentar su rendimiento y a quienes pidieron un préstamo, reducir los costes de su crédito.

Estos mismos argumentos han acompañado y alimentado la transformación del paisaje bancario y de sus reglas. El organismo más influyente en la justificación y difusión de estos nuevos principios ha sido, sin duda alguna, el "Grupo de los Treinta" (también conocido como "Grupo de Consultas sobre Temas Económicos y Monetarios Internacionales"), que es una especie de gabinete de asesoramiento de gran peso, con sede en Nueva York, sostenido por los grandes de las finanzas internacionales y cuyos 30 miembros, cuidadosamente seleccionados, constituyen la crème de la crème de las finanzas públicas y privadas. El Grupo de los Treinta, presidido por Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal, reúne a gobernadores de bancos centrales, entre los que se cuentan el del Banco de Francia, Jean Claude Trichet, el del Banco de Israel, Jacob A. Frenkel y el director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI, "banco central de los bancos centrales") Andrew D. Crockett. En él están también los dirigentes de entidades financieras como Morgan Stanley, Merrill Lynch o Dresdner Bank, así como economistas de renombre, entre ellos los profesores Peter Kenen, de la Universidad de Princeton, o Paul Krugman, del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Las publicaciones y coloquios del Grupo de los Treinta se convirtieron en un nuevo catecismo, inmediatamente repetido urbi et orbi, por la prensa económica, por los "economistas de mercado" y los analistas financieros. Según el Grupo, hacía falta "modernizar" las finanzas, promover la innovación, "armonizar" la reglamentación internacional, garantizar la libre circulación de capitales y la apertura de los mercados y, sobre todo, confiar en la capacidad autorreguladora de estos últimos, en particular en lo que se refiere a los fondos especulativos y productos derivados (4). En esta línea, la organización financiera internacional ha vivido tres fases importantes en los pasados dos años. En diciembre de 1997, bajo los auspicios de la Organización Mundial del Comercio (OMC), 102 países firmaron el Acuerdo sobre Libre Cambio de Servicios Financieros, cuya entrada en vigor está prevista para marzo de 1999. También en 1997, el Comité de Basilea para la Reglamentación Bancaria Internacional (grupo presidido por William McDonough, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, que reúne a los bancos centrales de los países más industrializados y que trabaja en coordinación con el BPI), anunció sus 25 "principios fundamentales de la supervisión bancaria" (Core Principles of Banking Supervision) que, en teoría, deberían comenzar a aplicarse en todos los países del mundo a partir de octubre de 1998.

Este mismo Comité de Basilea, que fue el que dio origen a las ratios Cooke (5), ha revisado -y suavizado- sus criterios. A partir de ahora, las grandes instituciones financieras podrán beneficiarse de menor regulación y una mayor flexibilidad en la gestión de sus riesgos, a condición de que tengan los "modelos adecuados" (6).

Precisamente, estos modelos de gestión de riesgos han resultado ser desastrosos, hasta el punto de poner en tela de juicio dogmas que, hasta el momento, no tenían discusión. El economista Henry Kaufman -que en una época fue escuchado con atención en Wall Street, pero de quien ahora se estima que sus opiniones están pasadas de moda-, resume cuatro principios que "a los banqueros les cuesta entender": el exceso de competitividad conduce a la temeridad porque con las prisas de llegar antes que los demás, los bancos olvidan seguir las reglas elementales de la prudencia; el mundo real es demasiado complejo para quedar reducido a algunas variables económicas; la obsesión de las matemáticas y de la cuantificación acaba por ser peligrosa dado que los modelos sobre los que reposa se basan en la idea de que el pasado reciente se reproducirá y, por último, la euforia crea la ilusión de una liquidez infinita (7).

Tales errores explican, sin duda, las colosales pérdidas que han sufrido en las salas de cambio los bancos y agencias de valores. Los jóvenes traders , que a menudo comenzaron su carrera después del crack de 1987 y sólo han conocido mercados en alza, son partidarios convencidos de las ventajas del "efecto de palanca". Para ellos, cuanto más se endeude el inversor, mayores son las sumas que puede ganar: con una aportación de 10 y un préstamo de 90, una plusvalía del 10% permite doblar la aportación. Las ecuaciones, los modelos y las buenas palabras de los "expertos" crean por lo demás la ilusión, o incluso aportan la certidumbre de que se puede especular sin riesgos. En la cadena de una serie de advertencias y de bajas puntuaciones, la agencia Moody's señala que los nuevos modelos de gestión han creado "una impresión de seguridad sin fundamento" en el seno de algunos bancos, que no han dudado en mostrarse muy activos en los mercados de riesgo. La agencia estima que "por muy sólidos que sean esos modelos, su actuación es limitada en mercados sin liquidez. No pueden, en ningún caso, sustituir la prudencia y el juicio independiente de un banquero".

Efecto dominó

Desde mediados de julio, el estado de ánimo de los mercados ha dado un giro. Lo que en un primer momento se presentó como un movimiento de corrección que iba a dar un respiro a las Bolsas antes de volver a la tendencia alcista, ha resultado ser un auténtico crack . Los inversores han quedado traumatizados por los acontecimientos del mes de agosto en Rusia (caída del rublo, decisión gubernamental de no seguir pagando su deuda, agitación política y social). ¿No era Rusia en 1997 el país líder de los mercados emergentes? De repente, un efecto dominó ha hecho caer a esos mercados, que debían ser los principales beneficiados por la mundialización (8). En muchos países, los "capitales flotantes" se han marchado con la misma celeridad con la que llegaron, dejando con ello que estallen las burbujas especulativas que habían creado. Después de Rusia, le toca a Brasil el turno de estar al borde del abismo financiero, corriendo el riesgo de hacer caer consigo a Argentina, Chile y México (9).

Con la petición de salvamento del fondo especulativo Long Term Capital Management (LTMC), la serie negra suma y sigue. Las obligaciones a alto riesgo, que los inversores se quitaban de las manos pocas semanas antes, no encuentran tomadores. Muchas instituciones, que habían hecho las mismas apuestas, no logran liquidar sus haberes. Con la excepción del mercado africano, que nunca contó con los favores de los inversores, nadie en el mundo ha escapado a la tormenta.

Tampoco se han librado las instituciones financieras, salvo las más prudentes, aquellas que por vocación -o, aunque menos frecuente, por elección-, desconfiaban de las finanzas globales (10).

La Unión de Bancos Suizos (UBS), el mayor banco de Europa, ha revelado que sus pérdidas ascienden a 950 millones de francos suizos (cerca de cien mil millones de pesetas) a causa del fracaso del fondo especulativo LTCM. Martin Cabiallavetta, presidente del consejo de administración, anunció su dimisión " para contribuir al restablecimiento de la confianza en el banco " (11). Merrill Lynch ha revelado que invirtió dos mil millones de dólares en fondos especulativos, 1.400 de los cuales en LTCM, y ha anunciado la supresión de 3.400 puestos de trabajo, dicho de otro modo, el 5% de sus efectivos. Los beneficios de Citigroup y del Bank of America se han reducido a la mitad. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), creado para ayudar a pasar a la economía de mercado a los países del Este, ha anunciado sus primeras pérdidas desde su fundación, en 1991. El banco de negocios y agencia de valores estadounidense Lehman Brothers trata de acallar los insistentes rumores de quiebra inmediata.

No debe descartarse el escenario catástrofe del "riesgo sistémico" (quiebras en cadena que acabarían con la confianza en el conjunto del sistema bancario). La crisis de la economía financiera puede extenderse a la economía real por medio de un estrechamiento del crédito (credit crunch) que ahogaría a las empresas y a las economías familiares. John Maynard Keynes lo había constatado: "La especulación no hace daño cuando es una burbuja flotando sobre un flujo continuo de actividades productivas, pero ese deja de ser el caso cuando la actividad productiva es sólo una burbuja en un torbellino especulativo" (12).

Con estos datos, se entienden mejor las prisas de la Reserva Federal para sacar a flote el fondo especulativo LTCM o para tratar de dar fuerza al mercado bajando en dos ocasiones, el 29 de septiembre y el 15 de octubre, sus tipos de interés (13).

 

Referencias

(1) Recordemos, por ejemplo, que el presidente francés, Jacques Chirac, durante un viaje por Asia lamentó "la incapacidad " del sistema bancario francés "para asumir sus responsabilidades ante las empresas". L'Express , 3 de julio de 1996.

(2) Martin Mayer, The Bankers: The Next Generation, Dutton, Nueva York 1997, págs. 28-29.

(3) Ibrahím Warde, "La dérive des nouveaux produits financiers ", Le Monde diplomatique , mayo de 1994.

(4) http://www.group30.org 

(5) Estos coeficientes de solvencia imponen a los bancos internacionales, por ejemplo, tener fondos propios que equivalgan al menos al 8% de sus créditos.

(6) Ibrahím Warde, The Regulation of Foreign Banking in the Uniterd States, IBPC , San Francisco, 1998.

(7) Henry Kaufman "What Bankers Don't Know", US News and Word Report, 12 de octubre de 1998.

(8) Peter Marber, From Third World to World Class: The Future of Emerging Markets in the Global Economy, Perseus Books, Reading (Massachusetts), 1998.

(9) Véase François Chesnais, "La crise menace les digues de l'économie mondiale", y Serge Halimi, "Le naufrage des dogmes libéraux", Le Monde diplomatique , respectivamente, septiembre y octubre de 1998.

(10) En Francia, sólo las mutualidades se han salvado de la quema (véase Le Nouvel Economiste , 2 de octubre de 1998).

(11) Ya en 1997, las transacciones de productos derivados en Londres le costaron al Banco unos 63.000 millones de pesetas.

(12) Citado por John Kenneth Galbraith, A Short History of Financial Euphoria , Penguin, Nueva York, 1990.

(13) La excusa oficial de la bajada de tipos del 15 de octubre fue que el riesgo de inflación estaba controlado. Sin embargo, las cifras publicadas ese mismo día indicaban que el índice mensual de inflación acababa de experimentar su mayor crecimiento del año.

 

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